Que es y que no es la Genealogía

Por Luz Montejano Hilton


 

Que no es la Genealogía

LA GENEALOGÍA NO ES HISTORIA, o por lo menos, no como la entendemos hoy en día. La investigación en esta área no busca dar una interpretación de los acontecimientos históricos más notables; pero sí se interesa, por el cómo esos acontecimientos afectaron la vida cotidiana de nuestros antepasados.

LA GENEALOGÍA NO ES ANTROPOLOGÍA. Su investigación da testimonio de la vida de uno de nuestros ancestros; pero cuando el investigador genealógico se encuentra frente a una tumba, es la inscripción en la lápida, y no el contenido de la misma lo que despierta su interés.

LA GENEALOGÍA NO ES ARTE. Su investigación está  comprometida con la búsqueda de la verdad. El método es rigurosamente crítico. Así, fines y medios le dan el carácter de una disciplina científica.

LA GENEALOGÍA NO ES UNA DISCIPLINA ESTÁTICA, privativa de uno que otro ratón de biblioteca. Generalmente se piensa que las fuentes de esta investigación se encierran en unos cuantos archivos. Por experiencia sabemos que esto no es así. El investigador en frecuentes ocasiones, debe recorrer los mismos lugares por los que pasaron los antepasados buscados y recoger noticias de su estancia en ellos.

 

Aunque existen archivos con un gran acervo documental, el investigador genealógico cambia de aires muy frecuentemente. Igual se le encuentra en el Sagrario de una antigua catedral, que en los pasillos de algún panteón.

LA GENEALOGÍA NO ES VANIDAD. Al adentrarnos en ella, nos descubre secretos que en muchas ocasiones hubiéramos preferido no conocer; sucesos que pasaron hasta en las mejores familias.

LA GENEALOGÍA NO DESCANSA EN UNA PRETENSIÓN SUPERFICIAL. Todos los seres humanos abrigamos el íntimo deseo de trascender; de ser recordados y, nuestros ancestros no fueron ajenos a ese deseo. Cuando el investigador genealógico rescata del anonimato a un personaje después de cientos de años, le está  cumpliendo ese deseo.

Todo esto que he comentado: historia, arte y vanidad, no es la genealogía.

 

¿Qué es la Genealogía?

El término de la Genealogía deriva, a decir de muchos estudiosos de la voz griega "genos": origen, principio; y de "logos": tratado o estudio.

Los pueblos del Lacio, como los romanos, emplearon la palabra "gens" (genes) para significar los conceptos: género, generación, estirpe y familia.

 

Así, la genealogía se puede definir como el estudio de una familia, o de una estirpe de generación en generación, hasta sus orígenes.

La investigación genealógica es muy rica en contenido. El estudioso no se detiene en el registro de nombres, fechas y lugares; el objetivo de esta disciplina es lograr un conocimiento profundo y muy humano acerca de nuestros antepasados. La genealogía es, en definitiva testimonio de vida humana; todo un tratado sobre los ancestros.

 

LAS FUENTES:

El registro del dato genealógico, así como su investigación, no es algo nuevo; por el contrario, es algo tan antiguo como el hombre mismo. Son tantos y tan abrumadores los testimonios que avalan esta afirmación, que bien pudiera hablarse de una VOCACIÓN NATURAL HACIA LA GENEALOGÍA, común a todos los pueblos que han existido. El saber sobre los padres de nuestros padres, por una u otra razón, ha sido importante para los hombres de todas las naciones.

Ilustremos lo anterior con algunos botones:

Algunas familias hebreas llevaron en la antigüedad, un minucioso registro de los principales datos genealógicos de sus ascendientes. En la Biblia, todo el capítulo cinco del Génesis, trata sobre la genealogía en línea paterna del patriarca Noé la cual se remonta hasta Adán. Los capítulos diez y once del mismo libro, nos da noticia de los descendientes de Noé hasta Abraham.

La casa de David era de especial interés para los genealogistas hebreos, pues en ella debía nacer el Mesías de la profecía.

En muchos pueblos de la antigüedad, se tenía la creencia de que los hombres continuaban viviendo después de la muerte; de que requerían para su bienestar, de atenciones por parte de los vivos. Así, el culto a los antepasados no era otra cosa que las debidas atenciones que un hombre debía prodigar a sus ascendientes. Era pues importante para el hombre antiguo, el saber quiénes fueron aquellos.

De la misma forma, se creía que los hombres al morir, se transformaban en dioses. Así, las reglas de conducta que dictaban en vida a sus familiares, adquirían una gran autoridad al momento de su muerte. El derecho antiguo era un derecho de familia, de estirpe. Había que saber quiénes eran los antepasados, para indicar qué normas de conducta se debían respetar y observar.

En América, muchos de nuestros pueblos indígenas tenían por costumbre el mantener crónicas genealógicas muy completas, sobre todo de sus familias gobernantes.

Gracias a este tipo de fuentes, es que hombres como Sahagún, Clavijero y otros, lograron recreaciones muy aproximadas sobre la historia de las familias reales de algunos pueblos americanos.

Durante la Edad Media, el registro genealógico cobró un vigor inusitado. La explicación es sencilla: Durante esa época, derechos, privilegios y posición social se transmitían, sin más, de generación en generación.

El derecho de un individuo a trabajar un pequeño huerto dependía, fundamentalmente, de que pudiera probar que su padre, su abuelo y su bisabuelo lo trabajaron también, y de que su tatarabuelo había obtenido ese privilegio merced a un pacto de vasallaje celebrado con algún señor feudal. Pruebas verdaderamente "diabólicas", tal como las llamó algún jurista más o menos moderno.

De esta forma, el dato genealógico durante la Edad Media, fue de gran trascendencia jurídica en la vida de las personas: prueba plena de derechos y privilegios.

En América, con la entrada de los españoles llegaron también las probanzas de hidalguía, calidad y limpieza de sangre. El español, rabiosamente cristiano, le temía al origen judío, moro o indígena, no tanto por cuestión de raza, sino por razón de credo.

Durante la época virreinal, era condición insuperable para ocupar un gran número de cargos públicos y eclesiásticos, el comprobar un  árbol genealógico formado por ascendientes de indiscutibles virtudes cristianas.

La Independencia de México terminó formalmente con estas distinciones odiosas y abrió objetivos más amplios y ambiciosos para la investigación genealógica.

Si nos remontamos en el tiempo, hacia la prehistoria, era la tradición oral la que conservaba muy inexactos los datos genealógicos.

La tradición oral, sin embargo, tiene todavía una gran importancia. Casi toda investigación genealógica actualmente, parte de los vagos recuerdos de nuestros familiares de mayor edad, recuerdos que son de valiosa ayuda para orientar el rumbo a seguir en la investigación.

Con la invención de la escritura, las personas ya no se conformaron con presenciar hechos o escuchar sobre ellos. El hombre empezó a registrar acontecimientos, leyendas, versos y cánticos. Lo hacía en forma de crónicas y de diarios.Desde la antigüedad encontramos verdaderos cronistas familiares, algunos de poblaciones enteras. Gracias a ellos nos topamos, ocasionalmente, con valiosas y memorables genealogías de notables personajes.

Estas fuentes tienen un indudable valor; sin embargo, debido a sus imprecisiones y a su rescate casi siempre parcial, deben considerarse más como aproximaciones, que como fuentes fidedignas de la investigación genealógica.

En los primeros siglos de la Edad Media, muy pocos hombres sabían leer y escribir. De la mayoría de los acontecimientos familiares no quedaba constancia escrita. Era necesario que a las bodas, bautizos y entierros asistieran muchos niños, a fin de que durante varios años se pudiera, mediante su testimonio, dar fe de tales sucesos.

Sin embargo, algunos individuos, principalmente clérigos, conocían algo de letras y eran solicitados aquí y allá  para redactar constancias de muy diversos actos. El clérigo, durante muchos siglos realizó funciones muy similares a las de los notarios de hoy en día, además de elaborar registros de los actos sacramentales en los que intervenía y que se celebraban al cobijo de su parroquia.

Los documentos manuscritos que nos dejaron esos hombres tienen, para la investigación genealógica, un alto valor como puede suponerse.

El registro por escrito de los actos sacramentales durante muchos siglos no fue uniforme: unos religiosos lo llevaban y otros no. Apenas en el año de 1563 como resultado de los trabajos del Concilio de Trento, se estableció como una obligación el llevar en las parroquias libros para esos efectos.

Hoy, por fortuna, el actual Código de Derecho Canónico dispone que: "en cada parroquia se han de llevar los libros de bautizos, de matrimonios y difuntos; cuide el párroco de que esos libros se anoten con exactitud y se guarden diligentemente".

Con esta disposición, que data ya de muchos años atrás, la investigación genealógica tiene garantizada la integridad y continuidad de la que, hoy por hoy, es la más importante de sus fuentes.

La institución del Registro Civil, como sistema constituido por el estado, data apenas del siglo antepasado. La Revolución Francesa dejó sentir su influencia en esta materia. La función de registro que desempeñaban los párrocos, fue confiada a las autoridades municipales en todas las provincias francesas.

En México, por decreto del Presidente Juárez, se promulga la Ley Orgánica del Registro Civil el 28 de julio de 1859, aunque no fue sino hasta muchos años después, cuando se logró el funcionamiento regular de la institución, así como el ser aceptada por parte de la mayoría de la población.

El Registro Civil ofrece grandes perspectivas a los investigadores de tiempos futuros; ya resulta de utilidad, aunque todavía limitada a los genealogistas actuales.

Vemos entonces que las fuentes documentales más importantes para la investigación genealógica, se pueden reducir, sin demérito de otro tipo de archivos, a dos: Registros Eclesiásticos y Registro Civil.

 

¿CUALES SON LAS POSIBILIDADES ACTUALES DE LA GENEALOGÍA?

La genealogía, despojada de intereses vanos, tiene en la actualidad un porvenir extraordinario. Es una disciplina autónoma. Es también ciencia auxiliar de otras ciencias y, además, tiene un alto carácter ético formativo.

Ya pasaron los tiempos en que la genealogía era, con mucho, pasión por establecer entronques falsos o ilusorias relaciones familiares.

EN LA HISTORIA:

Hoy, se considera ya una disciplina rigurosa; un elemento auxiliar de la investigación de lo pasado y un medio eficaz para la evocación cabal del ambiente en que se movieron numerosos personajes: Desde hombres importantes de la realeza y de la vida pública, hasta sujetos menudos, urdidores los unos y los otros, de aquella complicada trama que constituye el pasado de una familia, de un grupo social o hasta de una nación entera.

El historiador que dilucida un tema de crítica histórica, no puede desconocer la genealogía sin privarse de importantes elementos de juicio. La investigación genealógica es, por decirlo de alguna manera, el primero y más sólido peldaño para la investigación histórica.

 

EN LA MEDICINA:

La genealogía también se ha convertido en un valioso auxiliar para la ciencia médica. Gracias a los registros de defunciones ha sido posible el levantar datos estadísticos que han apoyado, o desvirtuado, teorías sobre la naturaleza hereditaria de algunas enfermedades.

En la medicina clínica, es común que los médicos se valgan del antecedente genealógico para prevenirnos de enfermedades que padecieron nuestros ascendientes; enfermedades con altas probabilidades de ser hereditarias.

Por tanto, la investigación genealógica debe seguir y de hecho sigue vigente en esta rama de las ciencias.

 

EN LA LITERATURA:

La literatura encuentra material de gran importancia en el dato genealógico. El novelista, en ocasiones, a partir del resultado de una investigación genealógica, echa a volar su imaginación y recrea la vida de sus personajes con cuadros y evocaciones plenos de realismo y veracidad.

La novela histórica biográfica nace a partir de material eminentemente genealógico. En muchas ocasiones resulta difícil distinguir en una obra de esta naturaleza los elementos aportados por la investigación genealógica, de aquellos que son producto genuino de la inspiración del autor.

EN LA MONARQUÍA:

La investigación genealógica es fundamental en los países monárquicos. Gracias a ella, es posible conocer con precisión a qué personas les corresponden tales o cuales títulos y dignidades.

En México y otros países, a pesar de no estar reconocidos legalmente estos títulos nobiliarios, existe un gran número de personas investidas de ellos. Por eso, y aunque suene extraño en estos países se siguen registrando cuidadosamente las genealogías de algunas ilustres familias y se hacen las investigaciones especialmente para arrojar luz sobre la sucesión hereditaria de algunos títulos vacantes.

EN EL DERECHO:

La genealogía todavía es importante para el derecho. Afortunadamente, el derecho actual ha abolido las antiguas pruebas llamadas "diabólicas". Ya no es necesario acudir a investigaciones genealógicas exhaustivas para probar la existencia de un derecho. Sin embargo, en materia sucesoria, ocasionalmente resulta importante la presentación de alguna probanza apoyada, básicamente en un estudio genealógico serio.

 

EN LOS VALORES:

La genealogía aporta una gran cuota de valores éticos y formativos. La vida se encuentra llena de sucesos que, por más que nosotros lo quisiéramos, no podríamos cambiar. Aceptar con serenidad estos hechos es, de alguna manera, madurar.

Los actos de nuestros antepasados no los podemos cambiar. Sus aciertos y sus errores ya son para nosotros hechos consumados. Gracias a esos hechos nosotros vivimos, gozamos y sufrimos; es decir SOMOS. Esta es la primera lección formativa que aprende el investigador genealógico.

Participar, aunque remotamente, de las vivencias de nuestros familiares desaparecidos, enriquece nuestras vidas. Evocar sus sueños, sus ideales, sus virtudes, sus yerros y defectos, nos transforma en seres humanos más humanos, y más capaces para comprender y dar la mano a nuestros contemporáneos.

Así, la investigación genealógica tiene un alto valor formativo del cual ningún ser humano debiera privarse.

Con estas reflexiones, he intentado de una manera sencilla, introducirlos e inquietarlos en el apasionante mundo de la investigación genealógica. No quiero concluir esta plática sin expresarles una última idea: Hace mucho tiempo oí decir: Honrar a nuestros parientes, es honrarnos a nosotros mismos. Yo quisiera añadir: Conocer a nuestros antepasados es un buen principio, acaso el mejor, para conocernos a nosotros mismos.

Nota: Originalmente se dio como plática el 7 de abril de 1992 ante el Club Rotario Tulancingo, Hidalgo, México. Posteriormente en el año de 1998 en el primer congreso de "Legado Latino" en la Universidad de Brigham Young, en Provo, Utah, U.S.A. En el año 2001 aparece como artículo de interés en http://www.ancestros.com.mx y actualmente la introduzco a esta página para su mayor difusión.