Que es y que no es la Genealogía
Que no es
la Genealogía
LA GENEALOGÍA NO ES HISTORIA, o por lo menos, no como la
entendemos hoy en día. La investigación en esta área no busca dar una
interpretación de los acontecimientos históricos más notables; pero sí se
interesa, por el cómo esos acontecimientos afectaron la vida cotidiana de
nuestros antepasados.
LA GENEALOGÍA NO ES ANTROPOLOGÍA. Su investigación da
testimonio de la vida de uno de nuestros ancestros; pero cuando el investigador
genealógico se encuentra frente a una tumba, es la inscripción en la lápida, y
no el contenido de la misma lo que despierta su interés.
LA GENEALOGÍA NO ES ARTE. Su investigación está comprometida con la búsqueda de la verdad. El
método es rigurosamente crítico. Así, fines y medios le dan el carácter de una
disciplina científica.
LA GENEALOGÍA NO ES UNA DISCIPLINA ESTÁTICA, privativa de uno
que otro ratón de biblioteca. Generalmente se piensa que las fuentes de esta
investigación se encierran en unos cuantos archivos. Por experiencia sabemos
que esto no es así. El investigador en frecuentes ocasiones, debe recorrer los
mismos lugares por los que pasaron los antepasados buscados y recoger noticias
de su estancia en ellos.
Aunque existen archivos con un gran acervo documental, el
investigador genealógico cambia de aires muy frecuentemente. Igual se le
encuentra en el Sagrario de una antigua catedral, que
en los pasillos de algún panteón.
LA GENEALOGÍA NO ES VANIDAD. Al adentrarnos en ella, nos
descubre secretos que en muchas ocasiones hubiéramos preferido no conocer;
sucesos que pasaron hasta en las mejores familias.
LA GENEALOGÍA NO DESCANSA EN UNA PRETENSIÓN SUPERFICIAL. Todos
los seres humanos abrigamos el íntimo deseo de trascender; de ser recordados y,
nuestros ancestros no fueron ajenos a ese deseo. Cuando el investigador
genealógico rescata del anonimato a un personaje después de cientos de años, le
está cumpliendo ese deseo.
Todo esto que he comentado: historia, arte y vanidad, no es la
genealogía.
¿Qué es
la Genealogía?
El término de la Genealogía deriva, a decir de muchos
estudiosos de la voz griega "genos":
origen, principio; y de "logos": tratado o estudio.
Los pueblos del Lacio, como los romanos, emplearon la palabra
"gens" (genes) para significar los conceptos: género, generación,
estirpe y familia.
Así, la genealogía se puede definir
como el estudio de una familia, o de una estirpe de generación en generación,
hasta sus orígenes.
La investigación genealógica es muy
rica en contenido. El estudioso no se detiene en el registro de nombres, fechas
y lugares; el objetivo de esta disciplina es lograr un conocimiento profundo y
muy humano acerca de nuestros antepasados. La genealogía es, en definitiva
testimonio de vida humana; todo un tratado sobre los ancestros.
LAS FUENTES:
El registro del dato genealógico, así como su investigación,
no es algo nuevo; por el contrario, es algo tan
antiguo como el hombre mismo. Son tantos y tan abrumadores los testimonios que
avalan esta afirmación, que bien pudiera hablarse de una VOCACIÓN NATURAL HACIA
LA GENEALOGÍA, común a todos los pueblos que han existido. El saber sobre los
padres de nuestros padres, por una u otra razón, ha sido importante para los
hombres de todas las naciones.
Ilustremos lo anterior con algunos botones:
Algunas familias hebreas llevaron en la antigüedad, un
minucioso registro de los principales datos genealógicos de sus ascendientes.
En la Biblia, todo el capítulo cinco del Génesis, trata sobre la genealogía en
línea paterna del patriarca Noé la cual se remonta hasta Adán. Los capítulos
diez y once del mismo libro, nos da noticia de los descendientes de Noé hasta
Abraham.
La casa de David era de especial interés para los
genealogistas hebreos, pues en ella debía nacer el Mesías de la profecía.
En muchos pueblos de la antigüedad, se tenía la creencia de
que los hombres continuaban viviendo después de la muerte; de que requerían
para su bienestar, de atenciones por parte de los vivos. Así, el culto a los
antepasados no era otra cosa que las debidas atenciones que un hombre debía
prodigar a sus ascendientes. Era pues importante para el hombre antiguo, el
saber quiénes fueron aquellos.
De la misma forma, se creía que los hombres al morir, se
transformaban en dioses. Así, las reglas de conducta que dictaban en vida a sus
familiares, adquirían una gran autoridad al momento de su muerte. El derecho
antiguo era un derecho de familia, de estirpe. Había que saber quiénes eran los
antepasados, para indicar qué normas de conducta se debían respetar y observar.
En América, muchos de nuestros pueblos indígenas tenían por
costumbre el mantener crónicas genealógicas muy completas, sobre todo de sus
familias gobernantes.
Gracias a este tipo de fuentes, es que hombres como Sahagún,
Clavijero y otros, lograron recreaciones muy aproximadas sobre la historia de
las familias reales de algunos pueblos americanos.
Durante la Edad Media, el registro genealógico cobró un vigor
inusitado. La explicación es sencilla: Durante esa época, derechos, privilegios
y posición social se transmitían, sin más, de generación en generación.
El derecho de un individuo a trabajar un pequeño huerto
dependía, fundamentalmente, de que pudiera probar que su padre, su abuelo y su
bisabuelo lo trabajaron también, y de que su tatarabuelo había obtenido ese
privilegio merced a un pacto de vasallaje celebrado con algún señor feudal.
Pruebas verdaderamente "diabólicas", tal como las llamó algún jurista
más o menos moderno.
De esta forma, el dato genealógico durante la Edad Media, fue
de gran trascendencia jurídica en la vida de las personas: prueba plena de
derechos y privilegios.
En América, con la entrada de los españoles llegaron también
las probanzas de hidalguía, calidad y limpieza de sangre. El español,
rabiosamente cristiano, le temía al origen judío, moro o indígena, no tanto por
cuestión de raza, sino por razón de credo.
Durante la época virreinal, era condición insuperable para
ocupar un gran número de cargos públicos y eclesiásticos, el comprobar un árbol genealógico formado por ascendientes de
indiscutibles virtudes cristianas.
La Independencia de México terminó formalmente con estas
distinciones odiosas y abrió objetivos más amplios y ambiciosos para la
investigación genealógica.
Si nos remontamos en el tiempo, hacia la prehistoria, era la
tradición oral la que conservaba muy inexactos los datos genealógicos.
La tradición oral, sin embargo, tiene todavía una gran
importancia. Casi toda investigación genealógica actualmente, parte de los
vagos recuerdos de nuestros familiares de mayor edad, recuerdos que son de
valiosa ayuda para orientar el rumbo a seguir en la investigación.
Con la invención de la escritura, las personas ya no se
conformaron con presenciar hechos o escuchar sobre ellos. El hombre empezó a
registrar acontecimientos, leyendas, versos y cánticos. Lo hacía en forma de
crónicas y de diarios.Desde la antigüedad encontramos
verdaderos cronistas familiares, algunos de poblaciones enteras. Gracias a
ellos nos topamos, ocasionalmente, con valiosas y memorables genealogías de
notables personajes.
Estas fuentes tienen un indudable valor; sin embargo, debido a
sus imprecisiones y a su rescate casi siempre parcial, deben considerarse más
como aproximaciones, que como fuentes fidedignas de la investigación
genealógica.
En los primeros siglos de la Edad Media, muy pocos hombres
sabían leer y escribir. De la mayoría de los acontecimientos familiares no
quedaba constancia escrita. Era necesario que a las bodas, bautizos y entierros
asistieran muchos niños, a fin de que durante varios años se pudiera, mediante
su testimonio, dar fe de tales sucesos.
Sin embargo, algunos individuos, principalmente clérigos,
conocían algo de letras y eran solicitados aquí y allá para redactar constancias de muy diversos
actos. El clérigo, durante muchos siglos realizó funciones muy similares a las
de los notarios de hoy en día, además de elaborar registros de los actos
sacramentales en los que intervenía y que se celebraban al cobijo de su
parroquia.
Los documentos manuscritos que nos dejaron esos hombres
tienen, para la investigación genealógica, un alto valor como puede suponerse.
El registro por escrito de los actos sacramentales durante
muchos siglos no fue uniforme: unos religiosos lo llevaban y otros no. Apenas
en el año de 1563 como resultado de los trabajos del Concilio de Trento, se
estableció como una obligación el llevar en las parroquias libros para esos
efectos.
Hoy, por fortuna, el actual Código de Derecho Canónico dispone
que: "en cada parroquia se han de llevar los libros de bautizos, de
matrimonios y difuntos; cuide el párroco de que esos libros se anoten con
exactitud y se guarden diligentemente".
Con esta disposición, que data ya de muchos años atrás, la
investigación genealógica tiene garantizada la integridad y continuidad de la
que, hoy por hoy, es la más importante de sus fuentes.
La institución del Registro Civil, como sistema constituido
por el estado, data apenas del siglo antepasado. La Revolución Francesa dejó
sentir su influencia en esta materia. La función de registro que desempeñaban
los párrocos, fue confiada a las autoridades municipales en todas las provincias
francesas.
En México, por decreto del Presidente Juárez, se promulga la
Ley Orgánica del Registro Civil el 28 de julio de 1859, aunque no fue sino
hasta muchos años después, cuando se logró el funcionamiento regular de la
institución, así como el ser aceptada por parte de la mayoría de la población.
El Registro Civil ofrece grandes perspectivas a los
investigadores de tiempos futuros; ya resulta de utilidad, aunque todavía
limitada a los genealogistas actuales.
Vemos entonces que las fuentes documentales
más importantes para la investigación genealógica, se pueden reducir, sin
demérito de otro tipo de archivos, a dos: Registros Eclesiásticos y Registro
Civil.
¿CUALES
SON LAS POSIBILIDADES ACTUALES DE LA GENEALOGÍA?
La genealogía, despojada de intereses vanos, tiene en la
actualidad un porvenir extraordinario. Es una disciplina autónoma. Es también
ciencia auxiliar de otras ciencias y, además, tiene un alto carácter ético
formativo.
Ya pasaron los tiempos en que la genealogía era, con mucho,
pasión por establecer entronques falsos o ilusorias relaciones familiares.
EN LA HISTORIA:
Hoy, se considera ya una disciplina rigurosa; un elemento
auxiliar de la investigación de lo pasado y un medio eficaz para la evocación
cabal del ambiente en que se movieron numerosos personajes: Desde hombres
importantes de la realeza y de la vida pública, hasta sujetos menudos,
urdidores los unos y los otros, de aquella complicada trama que constituye el
pasado de una familia, de un grupo social o hasta de una nación entera.
El historiador que dilucida un tema de crítica histórica, no
puede desconocer la genealogía sin privarse de importantes elementos de juicio.
La investigación genealógica es, por decirlo de alguna manera, el primero y más
sólido peldaño para la investigación histórica.
EN LA MEDICINA:
La genealogía también se ha convertido en un valioso auxiliar
para la ciencia médica. Gracias a los registros de defunciones ha sido posible
el levantar datos estadísticos que han apoyado, o desvirtuado, teorías sobre la
naturaleza hereditaria de algunas enfermedades.
En la medicina clínica, es común que los médicos se valgan del
antecedente genealógico para prevenirnos de enfermedades que padecieron
nuestros ascendientes; enfermedades con altas probabilidades de ser
hereditarias.
Por tanto, la investigación genealógica debe seguir y de hecho
sigue vigente en esta rama de las ciencias.
EN LA LITERATURA:
La literatura encuentra material de gran importancia en el
dato genealógico. El novelista, en ocasiones, a partir del resultado de una
investigación genealógica, echa a volar su imaginación y recrea la vida de sus
personajes con cuadros y evocaciones plenos de realismo y veracidad.
La novela histórica biográfica nace a partir de material
eminentemente genealógico. En muchas ocasiones resulta difícil distinguir en
una obra de esta naturaleza los elementos aportados por la investigación
genealógica, de aquellos que son producto genuino de la inspiración del autor.
EN LA MONARQUÍA:
La investigación genealógica es fundamental en los países
monárquicos. Gracias a ella, es posible conocer con precisión a qué personas
les corresponden tales o cuales títulos y dignidades.
En México y otros países, a pesar de no estar reconocidos
legalmente estos títulos nobiliarios, existe un gran número de personas
investidas de ellos. Por eso, y aunque suene extraño en estos países se siguen
registrando cuidadosamente las genealogías de algunas ilustres familias y se
hacen las investigaciones especialmente para arrojar luz sobre la sucesión
hereditaria de algunos títulos vacantes.
EN EL DERECHO:
La genealogía todavía es importante para el derecho.
Afortunadamente, el derecho actual ha abolido las antiguas pruebas llamadas
"diabólicas". Ya no es necesario acudir a investigaciones
genealógicas exhaustivas para probar la existencia de un derecho. Sin embargo,
en materia sucesoria, ocasionalmente resulta importante la presentación de
alguna probanza apoyada, básicamente en un estudio genealógico serio.
EN LOS VALORES:
La genealogía aporta una gran cuota de valores éticos y
formativos. La vida se encuentra llena de sucesos que, por más que nosotros lo
quisiéramos, no podríamos cambiar. Aceptar con serenidad estos hechos es, de
alguna manera, madurar.
Los actos de nuestros antepasados no los podemos cambiar. Sus
aciertos y sus errores ya son para nosotros hechos consumados. Gracias a esos
hechos nosotros vivimos, gozamos y sufrimos; es decir SOMOS. Esta es la primera
lección formativa que aprende el investigador genealógico.
Participar, aunque remotamente, de las vivencias de nuestros
familiares desaparecidos, enriquece nuestras vidas. Evocar sus sueños, sus
ideales, sus virtudes, sus yerros y defectos, nos transforma en seres humanos
más humanos, y más capaces para comprender y dar la mano a nuestros
contemporáneos.
Así, la investigación genealógica tiene un alto valor
formativo del cual ningún ser humano debiera privarse.
Con estas reflexiones, he intentado de una manera sencilla,
introducirlos e inquietarlos en el apasionante mundo de la investigación
genealógica. No quiero concluir esta plática sin expresarles una última idea:
Hace mucho tiempo oí decir: Honrar a nuestros parientes, es honrarnos a
nosotros mismos. Yo quisiera añadir: Conocer a nuestros antepasados es un buen
principio, acaso el mejor, para conocernos a nosotros mismos.
Nota: Originalmente se dio como plática el 7 de abril de 1992
ante el Club Rotario Tulancingo, Hidalgo, México.
Posteriormente en el año de 1998 en el primer congreso de "Legado
Latino" en la Universidad de Brigham Young, en
Provo, Utah, U.S.A. En el año 2001 aparece como artículo de interés en
http://www.ancestros.com.mx y actualmente la introduzco a esta página para su
mayor difusión.